Las pinzas de mis dedos
enganchan delicias de pescado
que los incisivos rejonean.
Lonchas de porcino venido a menos
hogazas desmigadas
pedazos de exóticos manjares
caídos de árboles frutales.
La máquina engulle
cruje el engranaje.
Con pulcritud del territorio comensal
ya sea en la boca o en el suelo
no queda rastro de cadáver devorado
sin testigos
sin huellas.