Despierta, mi niña ya son las 2 de la tarde de un venturoso domingo 15 de abril marcan los almanaques. Dos mil ochocientos ochenta gramos de encandilante futuro tras los ojos que hoy me miran cincuenta y un centímetros hacia el sol que enrojece tus mejillas al amanecer. Un esperanzador llanto que conmociona la monotonía de este domingo de abril.