Un ejército maldito
de cien mil minúsculos granos de arena
o más
que aún no sé contar
se me agarran a los dedos
se aferran con fiereza
se cuelan en mi humilde caseta
violentan mi deshidratada siesta.
La plebe enseña sus vergüenzas
un rumor al fondo
de violenta marea
las banderas rojas
la playa inquieta.
Un sofoco de tarde
quitarme los ropajes
sosegarme la desazón
ocultarme del sol
que a mis ojos destella.
Mi primera tarde en la playa
qué cansina tarea.